16 sept. 2011

El eterno antagonista.


Gouache sobre papel, (2011)


Érase una vez, unos cuantos siglos o milenios atrás, el ser humano, rebosante de curiosidad y fantasía, buscó formas de retratar su entorno y expresar su modo de vida por medio de historias que fueron transmitidas de generación en generación. Así nació todo un repertorio de cuentos, fábulas y leyendas populares que alimentaron la imaginación de los niños y anclaron en el subconsciente colectivo una serie de valores, no siempre éticos ni pedagógicos.

Transmitidos de forma oral en un principio, y formando parte posteriormente de una rama de la literatura, el género de los cuentos fue tratado por numerosos autores que recogieron viejas historias e inventaron otras nuevas, tanto para adultos como para niños. Algunas de estas historias, sobre todo las infantiles, ejercían una moral adoctrinadora en las nuevas generaciones con conceptos y valores muchas veces teñidos de injusticia.

Gouache sobre papel, (2011)

Este es el caso del lobo como antagonista de los cuentos infantiles, su figura ha sido demonizada en las historias, pero esto sin embargo ha tenido consecuencias en la realidad. Consecuencias en las que, si profundizamos un poco, nos encontraremos con algunos desastres de tipo ecológico y medioambiental. El hecho de que se condenen especies animales, de forma disimulada y paulatina durante años hasta obtener resultados tangibles, me ha hecho reflexionar lo siguiente: hasta qué punto los cuentos infantiles pueden influir en la educación de un niño, asentando las bases de su sensibilidad y valores futuros. La educación puede ser un arma de doble filo con notorios resultados.

Así pues, tras reflexionar sobre ello considero que mi labor como consumidora y creadora de imágenes e historias es la de transmitir estas conclusiones mediante una nueva generación de cuentos que estimulen la sensibilidad hacia estos temas. El público infantil es una mente virgen digna de respetar, en la que los conceptos han de colocarse cuidadosamente. Los adultos suelen ser los narradores cuando los niños aún son muy pequeños, y a su vez, ellos también han sido niños a los que les contaron las historias antes mencionadas. Ahora está en sus manos recapitular los hechos y contar nuevos cuentos.

Por tanto, mi proyecto gira en torno a desmitificar la figura del lobo feroz, mostrar el arrepentimiento de Caperucita, la complicada situación de los siete cabritillos y demás habitantes del bosque, retomando personajes por todos conocidos; todo ello para mostrar al público la acción positiva de este carnívoro dentro de un ecosistema, e intentar devolver el respeto ancestral por este animal que nuestra cultura ha perdido.

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